Vosotros y
yo somos diferentes. ¡Si no se pueden encontrar soluciones a la propia vida se
llega a un callejón sin salida! Aquí
y ahora, ¿cómo crear nuestra vida? Se proyecta una película y si se
detiene, la imagen se vuelve fija, inmóvil. Las artes marciales y el Zen tienen
en común la creación y la concentración de la energía. Concentrándose “aquí y
ahora” y exteriorizando la verdadera energía de nuestro cuerpo, se puede
observar y recargar. Cuando se abre la mano, se puede obtener todo. Si se
cierra la mano, no se puede recibir nada. En las artes marciales, hay que
penetrar los elementos, los fenómenos, y no pasar al lado de ellos. Las artes
marciales son pues esencialmente viriles, ya que el hombre penetra a la mujer.
Pero en nuestra época todo el mundo quiere economizar su energía y se vive a
medias. Siempre se esta incompleto. Las gentes viven a medias, tibias como el
agua del baño.
Hay que aprender a penetrar la vida.
Así, el secreto de las artes marciales es aprender a dirigir el espíritu, Ryu Gi. Esto forma la base de las
técnicas corporales. El espíritu debe volverse la sustancia. El espíritu es la
sustancia, sin forma pero algunas veces tiene una forma. Cuando la actividad
del espíritu llena todo el cosmos entero, este espíritu aprovecha las
ocasiones, tiene una posibilidad de evitar los accidentes y puede atacar las
diez mil cosas en una sola. Esto significa que, durante un combate nuestro espíritu
no debe ser influenciado por ningún movimiento del adversario, por ninguna de
las acciones de su cuerpo y de su espíritu. Nuestro espíritu debe dirigirse
libremente, no tener la esperanza de atacar al adversario, ni dejar de prestarle
atención. Se debe estar completamente atento de instante en instante.
En nuestra vida cotidiana es lo mismo. Algunas personas solo piensan en el
dinero, ya que este permite satisfacer todo. Ahora bien, por él, pierden su
honor. Otros solamente desean honores y pierden su dinero. Algunos se
concentran solamente sobre el amor, pierden su dinero y su energía. “Pero
nuestra dicha no existe de un solo lado.”
Debemos crear nuestra vida, volvernos libres, desapegados, solamente atentos al
aquí y ahora: todo se encuentra aquí.
“El reflejo de la luna en el rió esta
siempre en movimiento. Sin embargo, la luna existe y no se va de ahí.” Se queda
pero se mueve. En un poema muy corto sobre el secreto del Zen y de las
artes marciales, y un gran koan. La corriente del agua no vuelve nunca hacia
atrás. El agua pasa, pasa... pero la luna no se mueve. Durante un combate, el
espíritu tiene que ser como la luna, pero el cuerpo y el tiempo pasan, pasan
como la corriente. El instante presente no vuelve jamás. Durante zazen, cada
una de nuestras inspiraciones y expiraciones es la de ahora, y no vuelve nunca.
Es posible rechazar la respiración, pero la de ahora no es la de antes. La
respiración de después no es nunca como la de antes. Ayer era ayer. Hoy es hoy.
Es diferente. Yo digo siempre que debemos concentrarnos “aquí y ahora”, crear “aquí
y ahora”. De esta manera, uno puede volverse “fresco”, nuevo. El zazen de
hoy no es el mismo que el de ayer. El zazen debe ser siempre fresco, “aquí y
ahora”. No debéis relajaros durante zazen, ni durante el entrenamiento a las
artes marciales. Hacerlo a medias no es bueno. Hay que hacerlo hasta el fondo
darse totalmente. No debemos retener restos de energías. Concentrarse significa
la salida completa, la descarga total de la energía. Esto debe encontrarse en
cada uno de los actos de nuestra vida.
En el mundo moderno, vemos todo lo contrario; los jóvenes viven a medias y están
muertos a medias. Tienen una sexualidad incompleta. Y durante su trabajo o
durante zazen piensan en el sexo, e inversamente: así sucede en todos los actos
de la vida.
Pero si se descarga totalmente la energía, se puede absorber energía fresca que
fluye como la corriente del agua.
Durante un combate, si se economiza un resto de energía, no se puede ganar.
Este es un secreto de las artes marciales. No debemos depender de los wasa, de
la técnica. Hay que crear. Si un hombre rico da dinero a su hijo, éste no
aprende a ganarlo. E, inversamente, el hijo de un hombre pobre sabrá crear el método
para procurárselo. Las artes marciales no son un teatro ni un espectáculo. Esto
no es el verdadero Budo. El secreto de las artes marciales, decía siempre Kodo
Sawaki, es que no hay victoria ni derrota. ¡No se puede vencer ni ser
vencido! El deporte y las artes marciales son diferentes. En el deporte,
hay tiempo. En las artes marciales no hay más que el instante. Por
ejemplo, en el baseball, el “bateador” espera la pelota, existe el tiempo: la
acción no se produce en el instante. Lo mismo sucede en el tenis, en el rugby
en el fútbol, en todos los demás deportes. ¡El tiempo pasa y permite pensar en
algo durante un pequeño momento mientras que se espera! En las artes marciales
no está el tiempo de espera. La victoria y la no-victoria, la vida o la no- vida,
se deciden en un instante. Hay que vivir en el instante: aquí es donde la vida
y la muerte se deciden totalmente.
MONDO
PREGUNTAS Y RESPUESTA:
PREGUNTAS Y RESPUESTA:
P. —A propósito de
los exámenes de acceso para adquirir los grados, los Dan, un maestro nos dijo
un día que tres cosas eran importantes: shin, wasa, thai...el espíritu,
la técnica, el cuerpo. ¿Cuál es
la más importante?
R. —En las artes marciales como en el juego de Go,
conocer bien la técnica es muy práctico. Sucede a veces que en un ser joven el
cuerpo sirve de elemento fundamental, mientras que en un hombre de más edad, técnica
y espíritu predominan. De hecho, lo más importante es shin, el espíritu. Después viene la técnica
y el cuerpo. En los demás deportes, sobre todo en Occidente, la fuerza del
cuerpo debe ser la más desarrollada. No es este el caso en las artes marciales;
en judo, el cuerpo debe ser formado, pero es secundario en relación a la técnica
y al espíritu-intuición necesario para aplicarlo bien. Si técnica fuerte y
cuerpo fuerte luchan juntos, es la técnica la que vencerá. Si un espíritu
fuerte combate una técnica fuerte, es el espíritu el que vencerá ya que sabrá
encontrar el punto débil. Se conoce la historia del samurai que, después de una
riña, combatía con un obrero. Aquel le hizo un hábil estrangulamiento mortal y
el obrero se ahogaba cuando, en la punta de sus dedos, palpo los testículos de
su adversario, los cuales agarro y apretó con todas sus fuerzas. Al cabo de
algunos instantes, el samurai estuvo obligado a soltar presa, vencido...
El entrenamiento no debe estar concentrado únicamente
sobre el desarrollo del cuerpo. Evidentemente, en los torneos modernos, no se
lucha a vida o a muerte, sino para ganar puntos: por lo que la fuerza del
cuerpo y la técnica es suficiente. En los tiempos antiguos, era completamente
de otra manera puesto que la vida se encontraba en juego: entonces la intuición
lo decidía todo, como último recurso.
Hoy día, se debería volver a encontrar
esto; en cada combate, hacer como si la vida dependiera de el, incluso con los
sables de madera. Entonces, las artes marciales encontrarían su verdadero
lugar; la practica de la vía. Si no, no se trata más que de un juego...
Fuerza de cuerpo, técnica y fuerza de espíritu
están, de hecho, más o menos en igualdad, pero es siempre shin, el espíritu, el
que decide el resultado del combate.
Ya os he contado la historia del samurai que
vino a ver al legendario Maestro Miyamoto Musachi, y le pidió que le enseñara
la verdadera vía del sable. Este último acepto. Convertido en su discípulo, el
samurai pasaba su tiempo, bajo la orden del maestro, acarreando y cortando leña,
yendo a buscar agua a una fuente alejada. Y esto, todos los días,
durante un mes, dos meses, un año, tres años. Hoy día, cualquier discípulo hubiera
huido al cabo de algunos días, incluso de algunas horas. El samurai continuaba
y de hecho, entrenaba su cuerpo. Sin embargo, al cabo de tres años ya no pudo
aguantar mas y le dijo a su maestro: “¿Pero que entrenamiento me hace usted
seguir aquí? Desde mi llegada no he tocado un sable. ¡Paso mi tiempo cortando
leña y transportando agua! ¿Cuándo me iniciara usted?”. “Bueno, bueno”,
respondió el maestro. “Voy a enseñarte la técnica, ya que lo deseas.”Le hizo
entrar en el doyo y, cada día, desde la mañana hasta la noche, le ordeno que
caminara sobre el borde extremo del tatami y que diera así, paso a paso, sin
equivocarse, la vuelta a la sala.
P. —Pero esa
es exactamente la manera que se debe tomar en el Kendo, un pie en la línea del
otro, después deslizarse...
R. —Sí. De esta manera el maestro le enseño
la concentración sobre la marcha. Concentrarse sobre un acto, hacerlo
perfectamente. Ya que los detalles de la técnica, los trucos, los pasos, son de
hecho secundarios con relación a la concentración. Si se está suficientemente
concentrado, un gesto, uno solo, es suficiente.
Por consiguiente, el discípulo caminó a lo
largo del borde del tatami durante un año. Al cabo de ese tiempo, dijo al
maestro: “Yo soy un samurai, he practicado mucho la esgrima, he encontrado a
otros maestros de kendo. Ninguno me ha enseñado como usted lo hace. Por favor,
enséñeme la verdadera vía del sable.””Bien, dijo el maestro, sígueme. “Lo
condujo lejos, a un lugar en el que se encontraba un trozo de madero que atravesaba
un precipicio de una profundidad increíble, aterradora” : “He aquí dijo el
Maestro, tienes que atravesar este pasaje.” El samurai discípulo no
comprendía nada de aquello y, de cara al precipicio, dudaba, sin saber que
hacer. De pronto, oyeron detrás de ellos un toc.toc, el ruido de un bastón de
ciego. El ciego, sin prestar atención a su presencia, paso al lado de ellos y
atravesó sin dudar, tanteando con su bastón el madero que franqueaba el
precipicio. “¡Ah pensó el samurai, empiezo a comprender. Si el ciego atraviesa
así, yo debo hacer lo mismo.” En este instante el Maestro le dijo: “Durante un
año, has caminado sobre el borde del tatami que es mas estrecho que este
tronco, así que debes pasar.” El samurai comprendió y...atravesó de una vez el
puente. El entrenamiento estaba completo: el del cuerpo durante tres años; el
de la concentración sobre una técnica (la marcha) durante un año, y el del espíritu
de cara al precipicio, de cara a la muerte.
P.--¿Pero por que el espíritu es lo más importante?
R. —Porque, a última hora, es él quien
decide.
En las artes marciales japonesas, desde los
tiempos antiguos, un solo gesto justo provocaba la muerte. De aquí viene la
lentitud, la concentración de los movimientos antes del ataque, Un golpe, y se
acabó: un muerto, algunas veces dos, si se daban los golpes justos. Todo se
juega en un instante. En este instante, el espíritu decide todo, técnica y
cuerpo lo siguen. En todos los deportes de hoy día existe un tiempo de espera.
En las artes marciales no hay tiempo de espera: si se le espera aunque solo sea
un poco, el espíritu debe estar sin cesar concentrado sobre la situación,
dispuesto a atacar o reaccionar. De aquí su importancia primordial.
P. —Pero ¿cómo elegir la técnica de ataque?
R.---No es cuestión de elegir. Ello debe
hacerse inconscientemente, automáticamente, naturalmente. El pensamiento no
puede intervenir ya que si no, hay tiempo de espera, por consiguiente fallo. La
conciencia permanente, despierta de la situación global es pues esencial para
que surja el gesto justo: la conciencia selecciona un golpe, técnica y cuerpo
parten hacia delante. Y se acabó.
P---Por ejemplo en
kendo. Hay un golpe llamado debana wasa: se trata de atacar antes de que el
adversario lo haga, de golpear antes de que él golpee. Por consiguiente, en
esta técnica del debana, la intuición es en efecto muy importante.
R.---¡La intuición es siempre esencial! Si el
adversario os da un golpe inesperado, debéis tener entonces la intuición de la
parada, la conciencia de la huida. ¡Para salvaros del golpe! Conciencia que
provocará la reacción del cuerpo y de la técnica apropiada. ¡Pero si pensáis en
ese momento: “Debo utilizar tal o cual técnica”, en el instante de vuestro
pensamiento, seréis tocado! La intuición desencadena el cuerpo y la técnica.
Cuerpo y conciencia se unen: se piensa con el cuerpo entero, se emplea
totalmente en la reacción.
Es por esto por lo que es difícil hacer categorías
sobre la importancia o la jerarquía de shin, el espíritu, wasa, la técnica, y tai, el cuerpo. Deben estar unidos, No separados.
Es su perfecta unión la que crea el acto justo. No su separación. La unidad
total.
En las artes marciales japonesas, la Vía del sable,
el kendo, ha sido
considerada siempre como el arte más noble de combate, ya que es la que mejor
une estos tres factores: conciencia-intuición, cuerpo y técnica.
P.---En el mundo, doce millones de personas
practican el kendo, seis millones el judo, cinco millones el kárate, un millón
el aikido, y doscientas mil personas el tiro con arco, el kyudo...
R.---En todas estas artes marciales, la unidad
entre el espíritu, el cuerpo y la técnica es esencial.
Pensar y después golpear no es el gesto justo. Hay que atrapar suki, la ocasión, la oportunidad.
Esto es muy importante. El pensamiento no puede hacerlo. Solamente la
conciencia puede atrapar la oportunidad de la acción. El vació en el que hay
que actuar.
P.--- El momento oportuno...
R.---La oportunidad para el acto. La ocasión de ataque. Aprovechar el defecto.
Por intuición, y este es un punto muy importante, hay que aprovechar el momento
en el que, en la inspiración, el adversario presenta un punto débil...
P.---¿La inspiración del
adversario o la suya propia?
R.---La inspiración del adversario. Vosotros debéis expirar antes y durante el
ataque. En kárate, un golpe recibido durante la inspiración puede ser
peligroso. Pero no durante la expiración. Por consiguiente, hay que aprovechar
la oportunidad cuando el adversario inspira, ya que entonces, presenta un fallo
un vacío.
P.---¿Por qué?
R.---Siempre hay una oportunidad en la inspiración porque el cuerpo se vuelve más
ligero, menos concentrado. La inspiración es una excelente oportunidad que el
espíritu- cuerpo debe saber aprovechar. Atacar durante la inspiración del
adversario, cuando este presenta un lado débil, un defecto en su defensa, en su
actitud, he aquí un gran secreto.
La inspiración es un gran suki,
una gran oportunidad. Un exceso de tensión también: de esta manera, en un
torneo, no se puede mantener la atención al mismo nivel de intensidad. En un
momento dado nuestra atención se debilita: entonces presentamos un fallo, un suki, una ocasión, que el adversario
debe saber aprovechar.
Pero esta cuestión de la oportunidad se encuentra en todos los combates,
no-solo en las artes marciales, sino también en las discusiones, en los
negocios... No debéis mostrar fallos: ni en las artes marciales ni en la vida
cotidiana. ¡La vida es un combate! Hay que permanecer concentrado. No descubráis
vuestros puntos débiles, y por consiguiente reducirlos por un entrenamiento
continuo al dominio de sí. Toda la educación japonesa tradicional se
fundamenta sobre esta vigilancia: no manifestar los puntos débiles para
que otro no se aproveche de ello. El juego del torneo es descubrir los puntos débiles
del adversario: hasta ahí se llega con la voluntad, con la atención, con la
concentración. Y cuando la oportunidad se presenta, aprovecharla valientemente,
sin pensar.
Y tanto en los torneos como en los combates de la vida cotidiana, el struggle for life, la observación de los
ojos es muy importante: ya que cuando los ojos del adversario se mueven, sé
turban, dudan, se debilitan, hay un suki,
una oportunidad, un fallo. En todos los momentos críticos de nuestra vida, no
hay que manifestar los puntos débiles, si no es el error, la derrota, el
fracaso. Esta vigilancia no viene de una tensión excesiva del cuerpo que se fatigaría
rápidamente, sino de la atención de la conciencia. De aquí la importancia de shin, el espíritu. El cuerpo manifiesta
puntos débiles, la conciencia puede corregir, canalizar, dirigir todo esto.
P.---El año pasado vi en Kyoto a dos maestros de kendo,
de alrededor de ochenta años, que se enfrentaban en torneo: durante cinco
minutos se pusieron uno frente a otro, sable en mano, punta contra punta, sin
moverse, absolutamente sin moverse. Y al cabo de cinco minutos, el arbitro
declaró combate nulo, Kiki Wake.
R.--- Sí. Cuando alguien se mueve, muestra siempre sus puntos débiles. Allí
donde los jóvenes se hubieran batido vigorosamente en ataques y acciones más o
menos desordenadas, allí donde los hombres de edad madura hubieran hecho entrar
en juego toda la experiencia de su técnica, los dos maestros de artes
marciales se contentaron con un combate de espíritu, por y con los ojos. Si uno
de los dos se hubiera movido, su conciencia se habría movido también, y habría
manifestado un fallo. El primero que se hubiera debilitado habría perdido
radicalmente ya que el otro reaccionaria rápidamente.
Vosotros conocéis la historia de los tres gatos: un samurai tenía en su casa un
ratón del que no llegaba a desembarazarse. Entonces adquirió un magnifico gato,
robusto y valiente. Pero el ratón, más rápido, se burlaba de el. Entonces el
samurai tomo otro gato, malicioso y astuto. Pero el ratón desconfió de el y no
daba señales de vida mas que cuando este dormía. Un monje Zen del templo vecino
presto entonces al samurai su gato: este tenía un aspecto mediocre, dormía todo
el tiempo, indiferente a lo que le rodeaba. El samurai encogió los hombros,
pero el monje insistió para que lo dejara en su casa. El gato se pasa el día
durmiendo, y muy pronto, el ratón se envalentono de nuevo: pasaba y volvía a
pasar por delante del gato, visiblemente indiferente. Pero un día, súbitamente,
de un solo zarpazo, el gato lo atrapo y lo mató. ¡Poder del cuerpo, habilidad
de la técnica no son nada sin la vigilancia del espíritu!
Una conciencia justa es esencial al movimiento del cuerpo.
P.---Pero ¿qué se puede hacer para
permanecer en la concentración justa? ¡La tensión y fatiga no se la puede
mantener sin moverse!
R.---Es vuestra conciencia la que no debe perturbarse ni calcular: justo
adaptarse a lo que pasa. Llevad sin cesar vuestra concentración sobre la
respiración, sobre vuestra expiración, que debe ser lenta, larga, y descender
lo más bajo posible en el abdomen, en el hara. Y vuestros ojos, no perdáis de vista los ojos del adversario:
seguid de esta manera su movimiento interior. En el combate de sable que hemos
visto, entre Maestro Yuno y uno de sus discípulos, este último, al cabo de
algunos minutos, jadeaba, agotado por la tensión. Maestro Yuno estaba
simplemente ahí, concentrado, tranquilo, muy tranquilo. Absolutamente
vigilante. Y en un momento preciso, con la punta de su sable hacia la garganta,
arrojo al discípulo fuera del tatami. Un solo gesto le fue suficiente, a partir
del momento en el que descubrió el punto débil en la parada del adversario.
Concentraos pues sobre la expiración, esto es muy importante. Que ella sea lo más
larga posible, lo más calmada posible: esto ayuda a no estar fatigado o apasionado.
P.---Los samuráis que hacían duelos de noche
concentrándose sobre la sombra de su adversario...
R.---Desde luego el movimiento de la sombra indicaba el movimiento del cuerpo y
el de la conciencia. Pero esto no les impedía, más bien al contrario, expirar
poderosamente en su hara... Pero
vosotros debéis y podéis encontrar esta concentración fundamental en simples
combates de entrenamiento, como durante los torneos. No vale la pena entrenarse
para eso. Es el poder de vuestra concentración lo que cuenta. Hay que canalizar
tensión del cuerpo y habilidad de la técnica en la atención-intuición del espíritu.
El espíritu esta entonces vacío, ku, sin fallos. Esto es el Zen. Esto es también
la verdadera vía del Budo. De cara a la muerte, como de cara a la vida, la
conciencia debe estar tranquila. Hay que decidir aceptándolas completamente,
tanto la propia vida como la propia muerte. No sufrir. Incluso si mi cuerpo
muere, mi espíritu debe permanecer derecho (gesto
del pulgar hacia arriba): este es el entrenamiento del Zen y del Budo. El
gran Maestro Miyamoto Musachi abandono de esta manera su vida de combate para
resolver este problema: como morir. ¡E hizo zazen! (Risas).
P.--- En Europa, en los Estados Unidos, en el Japón,
mucha gente practica las artes marciales, sin practicar verdaderamente la vía
del Budo, ni la del Zen. Y la opinión común pretende que los principios del
Zen, la filosofía del Zen, no tiene nada que ver con la practica deportiva de
las artes marciales.
R.---Los que no quieren seguir la enseñanza Zen,
verdadera base del Budo, no tienen porque hacerlo. Estos se sirven entonces de
las artes marciales como de un juego, como de un deporte entre otros. Los que
quieran alcanzar una dimensión mas elevada de su ser, de su vida, deben comprender
esto. No se puede obligar a nadie ni criticar a nadie. Sin embargo, unos son
como niños que juegan con cochecitos, otros conducen verdaderos coches... Yo no
soy negativo de cara a los deportes: estos entrenan el cuerpo, la
resistencia... Pero el espíritu de competición, el espíritu de poder que se
encuentra en ellos, no es bueno: esto testimonia una visión falsa de la vida.
La raíz de las artes marciales no se encuentra ahí.
Los educadores de hoy día son también responsables de esta situación; ellos
entrenan el cuerpo, la técnica, pero no la conciencia. Sus alumnos se pelean
para ganar, juegan a la guerra como niños. No hay ninguna sabiduría en todo
eso. ¡No es del todo eficaz para la conducta de la vida! ¿Para que les sirve su
técnica en la vida cotidiana? El deporte no es más que una diversión y, a fin
de cuentas, usa el cuerpo para el espíritu de competición. Esta es la razón por
la que las artes marciales deben encontrar su dimensión primera. En el
espíritu del Zen en el del Budo, la vida cotidiana es el lugar de combate. Hay
que estar consciente en cada instante, lavándose, trabajando, comiendo, acostándose.
El dominio de sí se encuentra ahí.
P.---¿La competitividad es una
enfermedad del espíritu?
R.---¡Desde luego! ¡Que visión más triste de la vida! Lo que no quiere decir
que no se pueda llegar a ser campeón, ¿por qué no? Esta es una experiencia como
otra cualquiera. ¡Pero no hay que obsesionarse con ello! también en las artes
marciales hay que ser mushotoko, sin
meta ni espíritu de provecho.
P.---¿Puede usted hablarnos del kiai, ese grito que
se lanza durante la práctica de artes marciales, sobre todo en kárate o en
kendo? En mi doyo de kárate, nos hacen repetirlo muy a menudo, muchos gritos a
la vez...
R.---El kiai, grito cuya fuerza
vibratoria paraliza al adversario durante un instante, puede compararse al kwatz de los Maestros Zen Rinzai,
que sirve para producir un choque y despertar al discípulo. En mi opinión es inútil
repetirlo sucesivamente; una vez es suficiente pero una verdadera vez. Lanzad
pues este grito de una manera total, que salga del hara, del bajo vientre, de ese lugar al que los japoneses
llaman kikai: el océano de energía.
Para esto, hay que aprender la respiración Zen que es también la del Budo:
expirar lentamente, lo más profundamente posible. Al final de la expiración, la
energía esta en su punto culminante. El kiai es la mezcla de esta expiración
con una voz fuerte; es necesario que el sonido ascienda de una manera
naturalmente profunda. Para esto, evidentemente, hay que saber respirar, lo
cual es raro. Después del zazen, cuando hago la ceremonia y cantamos el Hannya Haramita Shingyo, el Sutra de la
Gran Sabiduría, lo hago para el entrenamiento general de la respiración: la voz
esta entonces obligada a ir hasta el final de la expiración. Es un buen
entrenamiento al kiai. Kiai se
descompone en ki: energía y ai: unión; significa pues la unión de la
energía. Un solo grito, un solo instante en el que se encuentra todo el
espacio-tiempo, todo el cosmos.
¡Kiai
( El Maestro Deshimaru lanza un grito aterrador, un rugido que sorprende a todo
el mundo, y después estalla en risas.)
Pero en el kiai que se
lanza en los doyos de artes marciales, como en el Hannya Shingyo cantado en los doyos Zen, nunca se encuentra
esta fuerza: de hecho, la gente lanzan gritos modulados según su personalidad,
hacen decoraciones sonoras. No hay nada de auténtico ni de bravo en eso.
Ninguna fuerza. Canto o ruido: es todo. Nada de ki en sus kiai ¡Nada
de energía!
P.---¿Por qué?
R.--- ¡Porque no saben respirar! Nadie les ha enseñado. Y además, es muy largo
saber explicar a la manera de un verdadero maestro de Budo o de Zen. ¡No es la
altura de la voz lo que hace el poder del sonido! ¡El sonido debe partir del hara, no de la garganta! Observar como
maúlla un gato o ruge un león: eso es el kiai. Entrenaros en la respiración, pero no busquéis obtener un
poder mágico con vuestro kiai: tanto en la vía del Budo como en la del Zen, hay
que practicar, lo repito, sin meta ni espíritu de provecho. Ahora bien, la
mayoría de las gentes siempre quieren adquirir algo, buscan tener en lugar de
ser.
P.---¿Puede usted hablarnos de la respiración en
las artes marciales y en la postura de zazen?
R.---Voy a intentarlo, pero es difícil. Tradicionalmente, los Maestros del Zen
no la enseñan nunca. Solamente cuando la postura es justa se establece la
respiración. Para enseñárosla tendría que desnudarme. Deberéis comprender con
vuestro propio cuerpo. Una pequeña inspiración natural a partir del plexo después
una profunda expiración presionando sobre los intestinos, bajo el ombligo. Para
un ciclo de respiración, la expiración puede durar uno, dos, tres, cuatro e
incluso cinco minutos. Cuando yo era joven, me sumergía hasta el fondo de la
piscina, y permanecía allí de dos a tres minutos. Por la expiración (anapanasati) el Buda encontró la
iluminación bajo el árbol Bo.
Cuando leo los sutras, mi
expiración es muy larga porque tengo el hábito de esta expiración. Mientras se
expira hay un ligero va –y-ven de aire en las fosas nasales y de esta manera se
puede continuar largo tiempo. Es muy difícil y hace cuarenta años que me
entreno...
Al principio debéis comprender con el cerebro y a continuación entrenaros. Es
un método eficaz para vivir largo tiempo: la mayoría de la gente que vive mucho
en Oriente practican esta respiración. Durante kin-hin1, si yo expirara a mi ritmo nadie se movería...
Estos puntos están en relación con las artes marciales que son, lo repito, otra
cosa que un deporte. Para practicarlas, el hara debe ser fuerte. Las artes marciales, la recitación de sutras, las ceremonias os hacen
comprender entrenando vuestra respiración. Cuando llevo el ritmo de los sutras con las maderas, tenéis que
ir hasta el final de vuestra expiración. ¡Es un buen entrenamiento!
El profesor Herrigel ha hablado de ello en su Tiro con arco2. El había estudiado esta
disciplina durante seis años; pero solo cuando hubo comprendido la respiración
abandono su filosofía y sus conocimientos y pudo por fin lograr alcanzar el
blanco. Mi Maestro me decía: “¡Si hubiera venido a verme, habría
comprendido hace mucho tiempo!”
El judo y el kárate son también un entrenamiento de la respiración, pero la
mayoría de la gente no lo sabe. Solamente a partir del segundo o del tercer Dan
se instala naturalmente esta respiración. Herrigel comprendió
inconscientemente: la flecha parte al final de la expiración. En el judo o en
el kárate, se es fuerte en la expiración; en la inspiración se es débil. En
este momento, yo puedo matar a un hombre con un solo objeto, sin necesidad de
un cuchillo. Yo hice la experiencia de esto cuando era joven; no maté al hombre
que estaba delante de mí, solamente cayó, pero... Al final de la inspiración
hay un punto muy vulnerable. Al final de la expiración ni siquiera hay
movimiento.
Es por esto por lo que la respiración practicada en yoga no es del todo eficaz
para las artes marciales. En el Japón, no se practica el yoga porque se conoce
bien la respiración Zen. Si vosotros la comprendéis, podréis serviros de ella
en la vida cotidiana. En una discusión, cuando os apasionéis, practicadla, y os
calmaréis... Mantened vuestro control. Inversamente, durante la inspiración, un
gran choque puede bloquear vuestro corazón y vuestros pulmones y causaros la
muerte. Intentad levantar un peso pesado en dos veces, durante inspiración
y durante la expiración.
Veréis la
diferencia. Durante la expiración sois más fuerte, los pies se aferran al
suelo, sois como un tigre. Cuando tengáis miedo, cuando tengáis angustias o
cuando no os sintáis seguros de vosotros mismos en una situación, intentad ya
expiración larga. Esta expiración os apaciguará y os dará fuerza, seguridad.
Durante la expiración, la energía y la conciencia se encuentran.
P.---¿Cuál es la mejor manera de aprender a
respirar convenientemente?
R.--- Tomando la postura de zazen. Antiguamente, en el tiempo de los samuráis,
se sentía respeto por la meditación: antes de la acción, se concentraban en
zazen. Concentración, después acción. Hoy día se puede encontrar esto en la
ceremonia demasiado breve que se hace antes del combate en los torneos. En
zazen se puede acumular energías, dejar pasar los pensamientos como nubes en el
cielo, relajar las tensiones nerviosas y musculares, concentrarse sobre la
energía, espaldas derechas, nuca recta, manos juntas cuyos pulgares no hacen ni
montaña ni valle y practicar la verdadera respiración, basada en la expiración
profunda en el hara, esa zona
que se encuentra dos dedos por debajo del ombligo.
Ser zanshin: he aquí un término
que se encuentra en la práctica de la esgrima japonesa, el kendo. Zanshin es
aquello que permanece, sin apegarse, vigilante y libre. Justamente atento a lo
que pasa aquí y ahora. Poco a poco esta atención se aplica a cada uno de los
actos de nuestra vida. En el espíritu del Zen, como en el del Budo tradicional,
el conjunto del comportamiento entra siempre en juego.
P.---¿Puede reemplazar a la postura de zazen el
entrenamiento intensivo de los kata, esos gestos de base de la técnica? Ya que
ellos entrenan la respiración, la concentración, la vigilancia...
R.--- No se puede comprar la práctica de una meditación sentada, zazen, método
de concentración, con el entrenamiento de ejercicios de acción. Pero la práctica
de zazen puede dar una nueva dimensión a los kata. La verdadera esencia de los kata no se encuentra en los propios gestos, sino en la manera
en la que espíritu los vuelve justos. No se debe pensar: “Debo hacer este kata de esta manera o de esta
otra...” sino ejercitar el cuerpo-espíritu en crear cada vez un gesto total, en
el que se encuentre todo el ki, en un instante.
Vivir el verdadero espíritu del gesto: el kata, por el entrenamiento, debe
confundirse con el espíritu. Contra más fuerte sea el espíritu más fuerte será
el kata.
P. —En los doyos de artes marciales existen muchos
gestos que conducen a la concentración: la manera de colocar los zapatos, los
objetos personales, la manera de saludar al entrar...
R.---¡Pero todos esos gestos son kata!
La manera de comportarse es kata.
Cuando se saluda, no hay que hacerlo de cualquier manera. En Occidente se da
vagamente la mano y se inclina un poco la cabeza; ¡no se ha comprendido nada la
belleza del gesto! Hay que saludar completamente: juntar las manos lentamente,
con los brazos derechos, paralelos al suelo; la punta de los dedos llega hasta
la altura de la nariz. Después se inclina la espalda hacia el suelo,
potentemente. Hay que erguirse con las manos aun juntas y poner naturalmente
los brazos a lo largo del cuerpo. Cuerpo derecho, nuca derecha, pies en el
suelo, espíritu tranquilo. (Con un
gesto majestuoso. Taisen Deshimaru
se levanta y nos saluda) ¡De esta manera testimoniáis todo el respeto
que sentís hacia vuestro adversario, hacia vuestro maestro, hacia el doyo,
hacia la vida! Algunas veces me preguntan por que me inclino ante la
estatua de Buda, en el doyo: no es la estatua a quien saludo, sino a todos los
que están aquí conmigo, en el doyo, y también al cosmos entero. Todos
estos gestos son muy importantes, ya que ayudan a mantener un espíritu
correcto. Significan dignidad y respeto, ayudan a nuestra naturaleza
alcanzar una condición normal. Hoy día nadie es normal, toda la gente esta un
poco loca, con su mental que funciona todo el tiempo; ven el mundo de una
manera estrecha, restringida. Están devorados por su ego. Creen ver, pero se
equivocan: proyectan su locura, su mundo, sobre el mundo. ¡No hay en ellos
ninguna lucidez ninguna sabiduría! Es por esto por lo que Sócrates, como Buda,
como todos los sabios, dicen antes que nada: "¡Conócete a ti mismo y
conocerás todo el universo!” ¡Este es el espíritu del Zen y del Bushido
tradicional! Para esto, la observación del comportamiento propio es muy
importante. El comportamiento influencia la conciencia. A comportamiento justo,
conciencia justa. Nuestra actitud, aquí y ahora, influencia a todo lo que nos
rodea: nuestras palabras, nuestros gestos, nuestra manera de estar, todo esto
influencia a lo que pasa alrededor de nosotros y a nosotros mismo. Las acciones
de cada instante, de cada día, deben ser justas. El comportamiento en el doyo
reaparecerá en nuestra vida cotidiana. ¡Cada gesto es importante! Como comer,
como vestirse, como lavarse, como ir al cuarto de aseo, como ordenar, como
conducirse con los demás, con la familia, con la esposa, como trabajar, como
estar completamente en cada gesto. ¡No hay que soñar la vida! Hay que estar
completamente en todo lo que se hace. Este es el entrenamiento a los kata.
El espíritu del Zen y del Budo tiende a esto: se trata de verdaderas ciencias
del comportamiento. Nada tiene que ver con la imaginación que transforma el
mundo, como en muchas religiones. Se debe vivir el mundo con el cuerpo, aquí y
ahora. Y concentrarse completamente sobre cada gesto.
P.---¡Eso es imposible!
R.---¿Vosotros creéis que Buda era perfecto? El debía cometer errores como todo
el mundo. Era un ser humano. Pero tendía a este comportamiento justo que es el
mas alto ideal del hombre. La civilización moderna no comprende nada de esto,
desde la escuela se os corta la vida para elaborar teorías...
Todo lo que acabo de decir debe ser bien entendido: no se trata solamente del
comportamiento y de la apariencia exterior, sino también y sobre todo de
nuestra actitud interior. ¿Cuál es la verdadera conducta a seguir? ¡Gran
problema! El Zen nos aclara esto. Todas las escuelas filosóficas se interesan
en este problema: existencialismo, behaviorismo, estructuralismo... Sin embargo
ninguna da la clave de la conducta de nuestra vida. Siempre terminan por
encerrarse en categorías, pero el origen profundo, la larga corriente de la
vida, no se puede encerrar. Un koan dice:
“Frió, caliente, es usted quien lo experimenta.” Esto es verdad para todos
Aquí y ahora es diferente para cada uno.



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